Arquitectura del:

TEMPLO Y CONVENTO DE 
SAN AGUSTIN

 
Patio barroco del claustro del convento de  
San Agustín
En 1721 fue electo provincial Fray Juan de Burgoa, y como definidores dos queretanos insignes: fray Luis Martínez Lucio y fray Carlos Butrón Mojica, comisionándose al primero para que estudiara las posibilidades de fundación de un convento de la Orden en la Ciudad de Querétaro, Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán. Con gran diligencia cumplió su encomienda y en 1724 se expidieron las escrituras de una casa que se le compró a don Tomás Franco, "en la calle del Hospital para abajo" (Allende Sur), y poco a poco, fueron adquiriendo más lotes hasta tener el terreno suficiente en donde levantaron, poco después el grandioso Convento de Nuestra Señora de los Dolores de Querétaro. 

Los agustinos se han distinguido en México por haber construido los más bellos conventos de la nación; la sola evocación de Acolman, Yuriria, Cuitzeo, México y Querétaro, es suficiente confirmación y tratándose del convento de Querétaro, el cronista de la Orden, Fray Nicolás P. Navarrete escribió: 

"¿Quién no siente la pureza de sus líneas arquitectónicas que le dan la seguridad de un puente sólido tendido entre lo finito y lo infinito?.¿Quién no capta que la armonía de los contrastes nos hace experimentar la anchura y la longitud, la profundidad y la alteza del misterio del amor y la belleza de que habla San Agustín en su obra inmortal, "La ciudad de Dios"?. ¿A quién no arroba en éxtasis de plegarias ese vaivén de combinación en los dibujos de filigrana que se hace sutil voluta perfumada de incienso?". Incuestionablemente que lo que escribió el P. Navarrete del Convento de San Agustín de Querétaro, es eso y más, porque si pudo embelesarlo con lo que queda de su pretérita grandeza en el exterior del templo y el imponderable claustro, hoy Museo de Arte de Querétaro, ¿cómo sería en sus interiores donde los retablos eran, según las crónicas, lo más acabado y exquisito del barroco del siglo XVIII?.

No cabe duda, como dijera algún escritor, que el constructor de esta obra, atribuida a Ignacio Mariano de las Casas y al padre Luis Martínez Lucio (que para mí fue el verdadero artífice) para hacer esta hermosura se inspiró en el célebre poema "De Dedoque", del poeta jesuita Diego Abud, que a la razón daba cátedra en los Colegios de San Ignacio y San Francisco Javier de esta ciudad.

La primera piedra de la iglesia se colocó el 2 de febrero de 1731 siendo provincial el P. Lucio. Se terminó en 1736, pero los estupendos retablos barrocos que tuvo no fueron concluidos sino hasta 1745, año en que fue dedicada y bendecida solemnemente la iglesia por el arzobispo de México, Dr. don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta.

Templo y convento son, sin duda, de los más admirados que construyó la orden Agustina en la Nueva España en esa época.

Como es fácil advertir, esta obra no corresponde a los edificios religiosos del siglo XVI y XVII que fueron concebidos para las necesidades de la primera evangelización como los conventos de Acolman, Ixmiquilpan, Yuriria o Cuitzeo, que son verdaderamente fortalezas con reminiscencias arquitectónicas medievales. 

En el Convento Agustino de Querétaro resulta maravilloso el estilo barroco del siglo XVIII que le da a este edificio la categoría de la expresión más acabada de la cultura y el arte de Querétaro, como la tercera Ciudad del Virreinato. Tanto el conjunto como los detalles son de una exquisita finura. En el pórtico del templo destaca una maravillosa escultura de un Cristo Crucificado (El Señor de la Portada), cuya devoción popular arranca de 1791, y en los nichos, bellamente ornamentados, lucen esculturas bellamente talladas en cantera de Santa Mónica, Santa Rita, la Dolorosa, San Juan, San Francisco y San Agustín. El claustro de honor es el modelo mejor de la arquitectura barroca del siglo XVIII y la cúpula del templo tiene dimensión y ritmo extraordinario, sobre cuyo tambor octagonal destaca un ejército de ángeles músicos con atuendos de los antiguos danzantes de las tribus mexicanas que le dan el toque de una originalidad maravillosa. 

 
Hermes Superior del Patio barroco del  
claustro del convento de San Agustín

Sobre la concepción y construcción de este convento hay discrepancias; algunos lo atribuyen a Ignacio Mariano de las Casas y otros a fray Luis Martínez Lucio. Del primero es temerario afirmar que haya sido de él, pues en la época en que se construyó era apenas un adolescente y, en el siglo XVIII, en que todo se planificaba con detenimiento y con mucha prudencia, no es creible que tan magna obra fuera confiada a un muchacho, años después genial arquitecto. Lo más acertado es creer que el autor de la idea y la materialización de la misma haya sido el padre Lucio, que fue notable dibujante, eminente teólogo, estupendo administrador y poseedor de una gran cultura y, como queretano del siglo XVIII, amante de la belleza. Sin embargo, no puede descartarse completamente la intervención de don Ignacio Mariano de las Casas, pues Tresguerras en sus "Ocios Literarios" dice que los planos que De las Casas hizo para esta obra, están ligados a dos geniales queretanos ya nombrados.

Desgraciadamente para la memoria de la cultura y el arte, el magnífico altar mayor y sus colaterales fueron destruidos, como en tantos otros templos del país, por la corriente desbocada del siglo XIX hacia el estilo neoclásico.

El claustro principal, desde finales del siglo XIX, fue ocupado por diversas dependencias del Gobierno Federal, el cual, desafortunadamente deformó parte de su traza original para adaptarlo para oficinas, a grado tal, que las últimas generaciones ya no lo reconocen como Convento de San Agustín, sino como El Palacio Federal.

De tal manera se ha reconocido la hermosura de este claustro de honor, que por muchos años la Secretaría de Hacienda y Crédito Público reprodujo este patio barroquísimo, para algunos el más extraordinario de México y de América, como alegoría en los billetes de veinte pesos.

Antiguo billete de veinte pesos
 

Detalle por demás digno de estudio será esclarecer las causas que tuvieron los Agustinos y sus arquitectos para no concluir el que hubiera sido el más alto y más grandioso campanil de la ciudad, que sólo quedó en el primer cuerpo. Opiniones autorizadas aseguran que no fue concluido por el peso excesivo que hubiera tenido y con esto se confirma la opinión del Arq. Tresguerras, en el sentido que si Mariano de las Casas efectivamente proyectó esta obra, no hizo los cálculos correctos.

Bajo la administración del Gobernador, Mariano Palacios Alcocer (1985-91), que impulsó el arte y las altas manifestaciones de la cultura en grado superlativo, se empeñó en darle a este recinto destino más noble, acorde con su dignidad histórica y belleza. Se restauró totalmente y sus 3 mil metros cuadrados se convirtieron en sede del Museo de Arte de Querétaro, el cual fue inaugurado el 22 de septiembre de 1988, por el Presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado. La singular arquitectura del lugar, fué definida por críticos y estudiosos del arte como "el patio religioso más imaginativo del país, obra única en el mundo".

El trabajo de restauración del inmueble estuvo a cargo de la Arq. Margarita Magdaleno Rojas y fue minucioso y con un alto sentido de responsabilidad, ya que se encontraba bastante deteriorado debido a las adaptaciones hechas desde el siglo XIX sin un plan congruente que respetara la integridad del inmueble. Hoy, los queretanos y los turistas que nos visitan, pueden gozar de un Museo de Arte digno de nuestro país.
 

Eduardo Loarca Castillo
Cronista de la ciudad de Querétaro.

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