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En aquel tiempo uno de los más graves males que aquejaban a
la ciudad, era la falta de agua potable lo cual producía enfermedades
hídricas muy serias que provocaban muchas muertes, y se dice que
esta monja le pidió por caridad que trajese agua limpia a la ciudad
de los abundantes veneros de la Cañada y así fue como el
Marqués, impresionado por esta necesidad y por la belleza del lugar,
ligó totalmente su vida a Querétaro.
Una vez decidido y comprometido para hacer el bien a la ciudad él pagó de su peculio la mayor parte del costo de la obra que ascendió, en el siglo XVIII, a $ 131,099.00. Dificilmente podrá encontrarse en México y en América una obra civil como ésta, considerada como una de las más admirables en estética, técnica y estructura. La arquería del Acueducto mide 1,280 metros de longitud, y corre el caño sobre la arquería a una altura máxima de 23 metros. Fue así como la hermana agua, limpia, pura y clara, como habla de ella San Francisco de Asís en su célebre Canto al Hermano Sol, llegó a nuestra prócer ciudad. |
El Marqués dejó toda su fortuna para obras de beneficio social a muchas comunidades religiosas y a sus servidores. Después de una vida verdaderamente ejemplar, murió este notable hombre en la ciudad de México el 29 de agosto de 1743. Se cree que sus cenizas reposan en el Convento de Santo Domingo, aunque también pueden estar en San Diego, sugún dejó dispuesto en su testamento.
Ojalá que se investigara sobre el particular y sus restos vinieran
a Querétaro así como los de otros hombres ilustres, que sin
haber nacido en esta tierra, la amaron, la dignificaron y se sacrificaron
por ella, en beneficio de la comunidad, como este hombre extraordinario.
INTELNET
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