Mtro. Rafael Casal Insurgentes Norte # 1894 - 605 Col. Lindavista
EXPOSICIONES
DISTINCIONES Y OBRAS ESPECIALES
|
La intuición de un nuevo orden de esperanza Por Yazmín Robledo
Ante la obra de Rafael Casal es difícil conservar la ecuanimidad.
Capa sobre capa, color sobre color, invitan a una inmersión al infinito
tridimensional de sus figuras en un plano que nos abre sus puertas para
habitarlo, para vivirlo también en el tiempo, en la cuarta dimensión.
Líneas que van de un lado a otro, en un rasgo unas veces violento,
otras tantas sutil, y entre ellas surge una figura humana o animal.
Formas que brotan de la espesura de sus colores, pinceles que siguen la
orden instintiva de la extraordinaria capacidad imaginativa del pintor.
Las configuraciones abstractas plasmadas en su obra, son irrumpidas por la maestría adquirida en la representación del cuerpo humano, habilidad olvidada por muchos de los artistas actuales. Su destreza en la técnica hace que al carboncillo de sus lienzos lo veamos como óleo, y que inesperadamente una llave en la tela nos haga dudar si se trata de un objeto adherido o una imagen de realismo exaltado, a la manera de los flamencos. En una sociedad en la que se ha perdido la esperanza y las ganas de luchar, en donde la indiferencia comulga con las ideas de la masa citadina, surge la reflexión del artista al plasmar el mito de la tenacidad. Ícaro es el hombre que, cuando se propone conseguir algo, hace hasta el último intento para lograrlo, aunque la cera se derrita y desprenda sus falsas alas al acercarse al Sol, aunque la vida se le vaya en el intento. La vida fragmentada, el ataque masivo de los medios de comunicación que nos presentan cortes de la realidad en todo el mundo, ven su reflejo en las obras de Casal cuando decide hacer de un lienzo, un díptico, con violentos trazos negros, de los que pareciera huir una figura humana. Evadirse, escabullirse, perderse en un mundo aparte, en una luminosidad reveladora. Con tonos ocres y negros, con sus híbridos de vinílica, óleo y pastel graso, la multiplicidad de lo contemporáneo repercute en el arte de Casal, donde la existencia devastada del hombre es recuperada y puesta en un nuevo orden, un nuevo sentido, pinceladas y color es ahora lo que importa. De ejes múltiples, la obra de Casal es un intenta recrear el infinito en su multiplicidad de imágenes y de interpretaciones. Cada eje es una lectura, que puede compenetrarse o no, con los demás. Cada trozo de lienzo es por sí mismo una expresión, con la fuerza suficiente de ser por sí mismo una obra de arte, un fragmento que, aunque sea separado del todo, no pierde nunca su intención, su significado. La profundidad que ha logrado el artista no es sólo el resultado del estudio y el trabajo constante, es también producto de una intuición innata, de una capacidad de transfiguración que sólo existe cuando hay genio, cuando hay vehemencia, cuando se vive la vida desde un plano que no tiene nada que ver con la búsqueda de la razón que caracterizó al siglo XX, donde conceptualizar no es el objetivo y el devenir exige su lugar cambiante. Rafael Casal desde su obra parece recordarnos que la razón no es lo más importante ni el fin último del ser humano. |